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sábado, 28 de febrero de 2015

Todos los caminos llevan a Ánima Barda

Esta es una entrada que escribo más para mí mismo que otra cosa. En ocasiones, es importante recordar por qué hacemos lo que hacemos y, de paso, de dónde venimos. Han pasado casi dos años desde que me encontré con Ánima Barda por casualidad y desde entonces han pasado tantas cosas que resulta fácil perderse en los intrincados caminos de la memoria. Por eso creo que es importante hacer un alto en el camino y echar la vista atrás. Es posible que más de uno (o una, que no se me enfade nadie) se sienta identificado con mi caso y saque alguna utilidad.
A veces se encuentra uno por ahí, en el proceloso bosque de las redes sociales y la blogosfera, actualizaciones de estado pesimistas por parte de escritores noveles y no tan noveles. Se quejan, con razón, de que el público ya no lee como antes, que prefieren la televisión o los jueguecitos del teléfono móvil. Que las editoriales no se mojan por los autores que no son conocidos, sin leerse sus manuscritos siquiera. Que se publican pestiños tan solo por ser de tal o cual presentador/a de televisión, o de una famosilla de tercera fila. Todo esto se puede entender, pero la pregunta es: ¿por qué seguir escribiendo, sabiendo todo esto?
Todos tenemos claro por qué empezamos en esto, al menos creo que es así en la mayor parte de los casos. Nos gusta contar historias y además, nos gusta que nos lean. Unos dirán que escriben porque no pueden dejar de hacerlo, que es como una especie de droga. Que sufren mientras ponen letras sobre el papel, que nunca están satisfechos del todo con lo que escriben. Otros están tan seguros de la calidad incuestionable de sus historias que no aceptan las críticas que les hacen los sufridos lectores de sus manuscritos. Si tan buenas son tus historias, ¿por qué nadie está interesado en leerlas, Heningway? A continuación contaré mi (breve) experiencia, prometo no enrollarme demasiado.

martes, 24 de febrero de 2015

¿Qué fue del Doctor Dröm?

Devon Mardröm, antiguo estudiante de la Universidad de Miskatonic, se gana la vida bastante bien. En su despacho de Old Chapel, Nueva Inglaterra, recibe todo tipo de clientes que desean contratar sus servicios. Casos paranormales, extrañas desapariciones, o tal vez la simple adivinación del futuro. No es extraño verlo en debates televisivos, enfrentándose a sus detractores y críticos, que le envidian y temen por igual. Su fiel compañera Agatha Mandrake, en cambio, prefiere permanecer entre bambalinas y seguir ocultando su misterio. Y es que ella es una bruja inmortal, que ha vivido largos siglos en este mundo. De hecho, ha visto a Devon crecer desde su nacimiento, pasando luego a convertirse en una especie de amante. Sí, es una relación algo complicada...
Después de la aventura de El jinete onírico, en la que logró desbaratar los planes de un malvado vampiro de los sueños, se vio arrastrado a una sórdida intriga en Retorno a Miskatonic, donde se puso de manifiesto que los vetustos muros de la universidad de Arkham esconden secretos innombrables. Por desgracia, el profesor Dragan Spasic ya contaba con un turbio historial a sus espaldas, anterior a las perversiones narradas en este relato. Para saber más al respecto, hay que estar atentos a nuevos lanzamientos de Pulpture, que incluirán una historia en la que aparece una nueva pieza del pasado de este mad scientist
A continuación, tal y como se cuenta en la actual serie de la web Action Tales, el Doctor Dröm vivió una aventura en la península del Yucatán, esta vez en solitario. Allí tuvo que enfrentarse a la secta de Neptuno para rescatar a la hija arqueóloga de un viejo colega de la universidad de Miskatonic. En la serie Mystery Men se incluye el arco argumental ¡Peligro en Cozumel!, que recoge esta historia que ya fue finalista de la convocatoria Amanecer Pulp 2014, evento promovido por la web Relatos Pulp

sábado, 21 de febrero de 2015

El resurgir del género de Espada y brujería

Si por algo se caracteriza el estilo pulp, es por su diversidad de géneros. En los últimos tiempos, abundan las definiciones canónicas del término pulp, por lo que no voy a detenerme
 demasiado en él. Para los más despistados, diré simplemente que hace referencia al papel barato (de pulpa de madera) con el que se imprimían las publicaciones baratas de principios del siglo XX, que tienen un antecesor en la novela folletinesca francesa y los penny dreadful ingleses. Este tipo de revistas recogía relatos de diversa extensión y diversa temática, siempre concebidos para llegar al gran público que esperaba entretenimiento basado en las emociones fuertes. Se trataba, pues, de literatura popular, de consumo rápido y sin demasiadas pretensiones más allá de entretener. 
En la web especializada Ánima Barda saltó la sorpresa cuando una encuesta a sus visitantes reveló que el género más demandado hoy en día por los internautas era, precisamente, el de Espada y brujería (sword and sorcery). Ni el noir, ni el terror ni la ciencia ficción. Pero, ¿qué elementos tiene el género predilecto de Robert E. Howard para hacerlo tan apetecible?
La respuesta a esta demanda por parte del público fue la convocatoria para la que llegaría a ser Conjura, primer compendio de Espada y brujería de nuestro país y que contó con una gran acogida por parte de escritores ya consagrados y algunas agradables sorpresas. Lamentablemente, muchos de los participantes no llegaron a captar las (marcadas) diferencias entre este género y la fantasía épica que vendría después. En la Espada y brujería:
  • Cada riña se convierte en una batalla épica con arma blanca.
  • Las mujeres son todas bellas y voluptuosas (aunque a muchos esto les parezca sexista hoy en día, es lo que hay).
  • La magia tiene una connotación negativa y nada bueno puede derivarse de su uso.
  • Las razas (humanas) son las mismas que tenemos en el mundo real, aunque con sus caracteres  distintivos frecuentemente exagerados. Nada de enenos, elfos o hobbits/kenders/halflings, por favor.
  • Los dragones no hablan. Hay fauna prehistórica, demonios, vampiros, etc.

lunes, 16 de febrero de 2015

¿Por qué Tex Hardigan?

Ha pasado ya más de un año desde que empezara a escribir las andanzas de un antihéroe más particular de lo que pudiera parecer a simple vista. ¿Un tipo rudo y musculoso que resuelve sus problemas mediante el uso de la fuerza bruta? ¿Qué tiene eso de particular? Quien haya pensado esto, al menos a priori, tiene toda la razón. Sin embargo, ya que la cosa va de tópicos, me sacaré uno de la manga que me gusta bastante poco, como todos los demás, pero que se adapta bastante bien a la situación: "no conviene juzgar un libro por su portada". Y no es que tenga nada en contra del fenomenal trabajo de Aythami, al contrario. Desperdicié demasiadas horas de trabajo tratando de pintar una portada digna, en las cuales hubiera podido cocinar para toda la semana, escribir una docena de relatos o repintar de una vez la verja. Me refiero a que, en ocasiones, hay algo más debajo de las apariencias.
Así que es eso, diréis. Alguien que ha escrito una aventurilla de acción sin pretensiones y que trata de venderla como una obra existencialista con trasfondo de crítica social. Ahora es cuando empezáis a sospechar. Luego vendrá la lectura en diagonal y después cerraréis esta página. Cada uno es libre de hacer lo que quiera, y lo cierto es que no confío demasiado en las cualidades publicitarias de un blog personal (de hecho, este lo tengo muerto de risa desde hace más de un año). Sin embargo, ni Tex Hardigan es el héroe infalible de los tebeos de Flash Gordon, ni su historia es tan fantástica como podría parecer, a juzgar por los efectos especiales.